Contra la libertad de pensamiento

“La gente exige la libertad de expresión como una compensación a la libertad de pensamiento, que rara vez utilizan”. Esta cita del filósofo danés Søren Kierkegaard sintetiza de manera brillante y esclarecedora uno de los grandes problemas que pone frente al espejo de sus contradicciones a nuestra, cada vez más vacía de contenido, democracia.

Se ha escrito, se escribe y, probablemente, se escribirá acerca del retroceso sufrido en el ejercicio de la libertad de expresión en España. Por cierto, no necesariamente todo lo publicado ha sido en pro de la extensión y protección de este Derecho Fundamental. Pero en estas breves líneas de cierre de año no pretendo centrar el foco en lo que ya lo han puesto otros/as.

En España, el derecho a la expresión no ha sido sujeto paciente de unos grandes recortes. El principal damnificado en esta etapa legislativa, ‘Ley Mordaza’ mediante, ha sido el pensamiento libre. Éste, en última instancia, jamás puede ser anulado hasta hacerlo desaparecer, ya que no hay poder coercitivo, por efectivo que sea, que pueda penetrar hasta lo más hondo de la mente del individuo. Ahora bien, ¿de qué sirve pensar libremente si no puedes expresar este pensamiento?

En esto consiste, fundamentalmente, la estrategia seguida durante los últimos años en España. Revestidos, ornamentados y con una pátina de argumentación jurídica sustentada en el delito de odio, contra la libertad religiosa o el derecho al honor, se ha ido contra todo aquel elemento discordante que expresase y difundiese un pensamiento poco alineado al discurso dominante, al institucional y políticamente correcto. Así, hemos visto desfilar por la Audiencia Nacional a personas tan ‘peligrosas’ para el sistema democrático como humoristas, cantantes, tweeteros/as y titiriteros. Algunos/as de ellos/as, por cierto, han sido condenados/as.

Pero como digo, no es el derecho a la libertad de expresión lo que está en juego. Esto es así porque tú tienes la libertad de expresar todo aquello que siga una línea ‘sensata’, de ‘orden’. Por poner un ejemplo ilustrativo: tú puedes ser Sergio Ramos o Rafael Nadal y ser libre de expresar tu amor por la unidad de España, ahora bien, si eres Piqué o Guardiola ándate con ojo si hablas de derecho a votar por la independencia o a ser claramente independentista. Si piensas así, mejor cállate.

Es por eso que preocupa tanto al poder institucional y al poder real, el que no se presenta a las elecciones pero que vota cada día, el auge de mecanismos en los que no hay controles a lo que se publica. Por este motivo, se han centrado en Twitter como coto en el que cazar y cortar las alas a quien se salga del redil. Y es cierto que en todas las redes sociales existen insultos y mala educación generalizada, pero toda la espiral represiva que vivimos no va de eso.

De lo que realmente va es de coartar el pensamiento libre. Las herramientas coercitivas son únicamente una pieza del gran puzzle que tiene como objetivo último amedrentar y silenciar cualquier pensamiento que ponga sobre el tapete las vergüenzas de un sistema cada vez más unidireccional. Prueba de este hecho es ver cómo van saliendo de las grandes cabeceras, PRISA como ejemplo paradigmático, las voces que cuestionan ese extremo centro.

Este miedo que se inocula, en pequeñas píldoras, veamos el tweet que ayer mismo publicaba la cuenta del Ministerio del Interior del gobierno de España, va en la dirección de instalar e institucionalizar la peor de las situaciones para la expresión del pensamiento: la autocensura previa. La interiorización de que, cuando expresas un pensamiento crítico, las consecuencias que puedes pagar pueden ser poco recomendables.

Foto portada/MemoriaEmocional.com

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