¿Ciudades o Estados? Teorías sobre la unidad del mundo

La unidad del mundo es hoy, a raíz de la globalización, una realidad ineludible. Pero ¿hacia qué modelo de unidad derivamos? Si atendemos al ejemplo de la mal construida e inacabada UE, primero fue la unidad económica, que no fiscal, y a la espera de la unión política. La multipolaridad, como si de una partida de ajedrez se tratase, va moviendo sus piezas hacia espacios de confluencia económica. El pacto del Pacífico y la negociación del TTIP muestran esta tendencia.

Realizando un ejercicio de utopía, si los acercamientos de unidad fuesen de carácter político, la cuestión schmittiana sería ¿la humanidad está preparada para soportar un solo centro de poder político? La realidad que debemos gestionar es la unidad del mundo como interdependencia e interconexión. Es interesante recordar un fragmento de la famosa conferencia que realizó Stimson en 1941 “la tierra no es hoy mayor que lo eran en 1861 los Estados Unidos de América, demasiado pequeños ya entonces para los antagonismos entre Estados del Norte y Estados del Sur. La tierra es hoy demasiado pequeña para dos sistemas contrapuestos”. El defensor del panintervencionismo lanzó, tal vez sin saberlo, una flecha directa hacia la inevitabilidad de la unidad del mundo.

A mi juicio, los juegos de poder están provocando un desorden con múltiples fracturas, crisis, desacoples y cambios geopolíticos que dejan sin recursos al ensayo sobre prognosis de Koselleck. Ya no es suficiente mirar atrás e investigar las repeticiones de los hechos históricos para predecir los acontecimientos venideros. La secularización e ilustración aceleraron la racionalización y con ello la técnica, una técnica más allá del bien y del mal. El progreso técnico y el perfeccionamiento moral del hombre es uno de los grandes desacoples que corroe todas las esferas de la sociedad y el carácter mismo del individuo. Goethe dijo: “es pernicioso para el hombre todo lo que, sin hacerlo mejor, le hace más poderoso”. Esta es la gran crisis, las demás, como la financiera, un resultado de ésta. Una concentración de poder en pocas personas, islas feudales de autoridad, junto a un derecho internacional exiguo, alimenta el nihilismo moral.

Hegel predijo cómo la sociedad civil acabaría rebasando las esferas del Estado y eso es lo que está sucediendo, las élites económicas no tienen territorio y actúan conforme a la frase de Ennio: “Para el que quiere dominar no hay fidelidad ni vínculo sagrado alguno”. Este desorden, que ordena las desigualdades, junto a decisiones políticas indecentes, dirige, como vemos en la inestabilidad del panorama político, hacía el fin de la docilidad de las mayorías.

Por tanto, ¿Cuál es la solución? ¿Volver a instituciones zombies, en palabras de Beck, como el Estado-Nación? ¿Un repliegue de las fronteras identitarias como explicó Castells? ¿Abrirse y ceder soberanía a instituciones supranacionales según el trilema de Rodrik? Resumiendo, ¿Global o local?

Según como definamos los problemas razonaremos posibles soluciones. Mi atención, más que en las estructuras de poder, se ubica en la dualidad individuo-colectivo. Como ejemplo para ilustrar este hecho utilizaré el caso de los refugiados, enlazando, en cierta forma, con la dicotomía local-global.

El drama de los refugiados es un ejemplo más de la unidad antes analizada, conflictos que sobrepasan las fronteras nacionales. Si atendemos a la primera reacción del gobierno español, el PP evitó en la medida de lo posible la acogida de los refugiados. Sus comparecencias recuerdan al libro de Erich Fromm, “Miedo a la libertad”,  la oscilación entre el masoquista y el sádico. La atomización de la sociedad y las desigualdades que esto provoca lleva al sufrimiento masoquista del individuo. Cuando sucede una tragedia como la de los refugiados la báscula cae hacía el lado del sadismo. El individuo, antes individuo que humano, expresa con sadismo la negación a ser solidarios, aquí no cabemos todos.

Esta fue la lógica del Estado, en este caso el español, y de algunos sujetos, como hemos podido ver en tertulias o publicaciones en redes sociales. Frente a esta inmoralidad, el colectivo. Asociaciones cívicas y gobiernos municipales crearon espacios de humanidad, lazos de solidaridad, más próximos y sensibles a las necesidades humanas.

Para finalizar quería resaltar lo que es, a mi juicio, una especial paradoja. El Estado actúa como individuo insertado en su localidad, en un mundo que reclama unidad. El Estado es más rígido, menos receptivo a los cambios constantes del dinamismo social. En contraposición, la ciudad, integradora, con mayor fluidez para amoldarse, para hacer frente a los desafíos del presente siglo. Su naturaleza es colectiva, abriéndose a la globalidad.

Recuperando las dos preguntas iniciales, la humanidad no es que esté preparada para soportar un solo centro de poder político, es que no debe permitirlo, un leviatán global deriva irremediablemente en un neofascismo. Respecto hacia que modelo de unidad estamos derivando, es difícil de teorizar. El deber ser, a mi entender, son núcleos  de ciudades, en red con otras ciudades que se ubican más allá de las fronteras del Estado-Nación. La máxima cercanía con el ciudadano, indistintamente de su procedencia, ayuda a vigilar críticamente las decisiones políticas, evitando lo que está ocurriendo, el distanciamiento y desacoplamiento del poder político de las realidades sociales.

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One Response

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  1. Joan Lluís Avinyó Romaguera
    Nov 02, 2015 - 12:55 AM

    Eso de municipios federados de forma voluntária des de la periféria al centro (ciudades en red con otrs ciudades que se articulan mas allá del estado-nación como lo ha llamado el autor) ya hace muchos años que lo teorizó Bakunin, mira “escolta” por lo menos echamos la vista atrás y aprendemos del pasado, muy notable por tu parte. Almenos se vislumbra una nueva generación de “politólogos libertários” que creen en la descentralización de la administración y la distribución del poder. No esta mal. No se cuando llegará eso, pero si que te puntualizo una cosa, la globalización no es ni ha sido posible sin la connivencia e intervención directa y suboordinada del estado a las corporaciones económicas y financieras regidas por las clases rectoras. El estado es y sigue siendo hoy una herramienta fundamental para la expansión de las firmas bursátiles saqueadoras en todo el mundo hasta el lugar mas recóndito bien por implicación directa, bien por relaciones imperiales dominante-dominado y en consequència la manera inmediata de hacerles frente es fortaleciendo la soberanía del mismo. Hasta cuando? no lo sé.

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