Ciudadanos y el extremo centro

Una crisis de régimen como la que vivimos actualmente, es el caldo de cultivo perfecto para cambiar terminologías y conceptos que han perdido su significado histórico o, al menos, han dejado de representar y evocar elementos que les eran inherentes. Un ejemplo paradigmático de esto que señalo es la división izquierda-derecha como elementos de identificación ideológica y partidista.

Partidos como UPyD, ahora en decadencia, empezaron por romper con esa dialéctica. Más cerca en el tiempo, aunque parezca que ha pasado mucho dado lo acelerado que camina todo, Podemos se distanciaba de esa vieja dicotomía e introducía los conceptos contrapuestos casta vs pueblo o la fórmula arriba vs abajo.

Independientemente de en qué marco quieran los partidos situarse, ya que no siempre consiguen su cometido, lo más importante es qué percepción se tenga sobre aquellos postulados que defienden. Un factor muy importante para el mapa mental que se realiza la ciudadanía es el papel que juegan los medios de información y de difusión de contenido, así como los líderes de opinión, patronal de empresarios, grandes banqueros, etc.

Ahora bien, todos estos actores encuentran su caja de resonancia en el que todavía hoy es el principal altavoz, que no es otro que la televisión, mediante el cual la mayor parte de la gente construye o asume su ideal acerca de aquello que es lo más ‘normal’ o ‘deseable’.

En este sentido, Podemos, incluso después de la moderación discursiva experimentada tras las elecciones europeas, estaba ubicado en el CIS como el partido percibido más a la izquierda.

Vemos pues, como el discurso y los fundamentos filosófico-ideológicos que lo sustentan no siempre son determinantes a la hora de ser posicionado en un lugar o en otro del tablero de juego. Un aspecto esencial es el análisis de comparación que se realiza entre un actor X y un actor Y. Para explicar lo que planteo en la línea anterior y, entrando en materia con lo que el título del artículo plantea, utilizaré una metáfora con los medios escritos españoles y los partidos políticos.

Actualmente, Ciudadanos es el partido considerado más cerca del centro en la escala ideológica derecha-izquierda tradicionalmente utilizada para situar a los partidos políticos. Es lógico que esta sea la percepción, dado que en comparación con el PP, partido hegemónico de la derecha, su perfil ‘moderno’ y regenerador colisiona con los viejos tics conservadores asociados a la derecha; y claro, no pueden ser identificados en la izquierda radical y utópica encarnada por Podemos e IU, ni tampoco con un PSOE despilfarrador que “causó la gran crisis” que nos asola.

Del mismo modo, ocurre con las grandes cabeceras de este país, sólo la existencia de periódicos como La Razón o ABC, justifica que El Mundo parezca un medio de centro-derecha y, a su vez, El País sea visto como un diario progresista y de izquierdas. Nada más lejos de la realidad.

Lejos de estar descontentos, los cuadros dirigentes de Ciudadanos hacen gala de esa posición atribuyéndole unos valores de moderación, sentido común y sensatez con que han dado cuerpo a su discurso. Hasta ahora les habíamos escuchado decir “no somos ni rojos ni azules”, siempre apelando al diálogo para construir un proyecto desde el consenso y la unidad de España. Esta línea argumental contrasta firmemente con la afirmación realizada por Pablo Iglesias durante la Asamblea Constituyente de Podemos como partido político en Vistalegre, el muy comentado: “El cielo no se toma por consenso: se toma por asalto”.

Ese extremo-centro, esa llamada a la sensatez y a esa especie de justo medio aristotélico al que apela Ciudadanos es muchas veces difícil de interpretar (o quizás no tanto). Se me ocurren varios casos en los que la ambigüedad se cae por su propio peso, a saber: posicionamiento en Les Corts Valencianes (junto a PP y PSOE) para votar NO una propuesta planteada por Podemos en contra del TTIP; abstención en la votación para retirarle la medalla de oro de Calatayud a Franco, justificado posteriormente por Rivera como una acción para no reabrir heridas ¿les suena la cantinela?; pero, sin duda, el mejor acto de posicionamiento en el centro es la abstención ante una moción presentada por el grupo municipal de Compromís en el Ayuntamiento de Valencia contra la violencia machista. El argumento esgrimido es que términos como “violencia patriarcal” o “terrorismo patriarcal” criminalizan al hombre.

Que nadie crea que soy una persona anti-Ciudadanos, “la sensatez me libre”, simplemente pretendo dar unas pocas pinceladas acerca de lo que se nos impone como lo adecuado, lo correcto, lo equilibrado y, cómo no, lo sensato. Porque, en una coyuntura de descrédito político como el actual, en el que cada día nos desayunamos con noticias de desahucios, imputaciones y robos flagrantes que quiebran el contrato social, corremos el riesgo de encontrarnos ante una estrategia ‘gatopardista’, es decir, “Que todo cambie para que nada cambie”.

A la vista de los acontecimientos recientes, todo parece encaminado para que estas elecciones se jueguen en ese terreno propicio de quienes hacen gala del relato del ‘Espíritu de la Transición’. Los adalides de la defensa del orden constitucional, a mi entender caduco, se encuentran muy cómodos en el inmovilismo que supone ampararse en el marco actual con respecto a la cuestión catalana. Sin duda el mayor beneficiado, tras la debacle de PP y PSOE en Cataluña, es el partido ‘nuevo’ que pretende seguir enrocado en la misma situación que los otros dos partidos viejos. Eso sí, son más guapos y hablan mejor y, además, utilizan el Excel para calcular todos los gastos (cosa que da un cariz de tecnicismo y de ciencia que no es nada despreciable).

Foto principal: captura de Youtube.

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