China: DDHH y política de hijo único

Hace más de tres décadas que quien fuese gobernador del Estado de California, George Deukmejian, pronunciase esta frase: “Económicamente, el sol nace desde ahora por el oeste”. Dicha afirmación reflejaba el hecho de que por aquellos años, década de los 80, el Estado de California guardaba una estrecha relación económica con los países de la cuenca del Pacífico. Hoy casi todos los estudiosos comparten la idea de que el eje de gravedad de la política y de la economía se ha visto desplazado hacia Asia-Pacífico, tras unos 500 años situándose sobre el Atlántico. Encontramos en dicha región dos grupos de países con relevancia económica, unos desarrollados como Corea del Sur y Japón y otros emergentes como China o India. Nuestro artículo pone el foco en la República Popular China.

Este país viene ganando influencia no solo económica sino política, formando parte de la agenda estadounidense y europea cada vez con mayor ahínco. A riego de simplificar demasiado las cosas diremos que el aumento de las relaciones se debe principalmente al hecho de que la Administración Obama es conocedora de que tras la Great Recession no puede (ni parece que podrá en un futuro) resolver los grandes retos globales propios del Siglo XXI en solitario. A esto se suma la combinación de estrategias de hard power y soft power defendidas por la Secretaria de Estado Hilary Clinton que se han venido a llamar en el marco de las relaciones internacionales smart power.  A su vez hay quien se atreve a decir que China tiene cogido a Estados Unidos “por los bonos”, hablando figuradamente de la posesión de deuda pública estadounidense en manos chinas. Pese a esto, sabemos con certeza que el gigante asiático aboga con contradicciones los años venideros convirtiéndose con sus enormes contrastes en un país con un futuro incierto. Uno de los principales problemas que debe abordar es sin duda el de los Derechos Humanos.

En relación a estos debemos conocer en primer lugar que el derecho a la libertad de expresión continua siendo severamente restringido en el país. Además, aquellos/as activistas que luchan por que el país garantice el cumplimiento de los derechos humanos son agredidos brutalmente y detenidos, en multitud de ocasiones siguiendo planes de detención arbitraría. La tortura es practicada impunemente sin que se garantice la tutela judicial efectiva y por lo tanto produciéndose indefensión. Las minorías tibetana, uigur y la mongola están muy lejos de ser respetadas. Los derechos de los trabajadores como son la libre elección de su trabajo, las condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo, la protección contra el desempleo o el derecho a fundar sindicatos y sindicarse para defender sus intereses están a años luz de los que disfrutamos (no sin retrocesos) en Europa. En síntesis, China viola derechos de primera generación (derechos civiles y políticos), derechos de segunda generación (derechos económicos, sociales y culturales) y derechos de tercera generación (derechos de solidaridad), muchos de ellos de forma atroz y desmesurada.

A finales del mes de octubre saltó a nuestros televisores una noticia que afectaba directamente a unos derechos muy concretos, los reproductivos. Estos se encontraban muy limitados por la política de hijo único instaurada el año 1979 y en la cual se han producido prácticas tales como el aborto forzoso o la esterilización con el objetivo de estabilizar la población china. Hoy, tras una reciente modificación en la legislación, las parejas casadas podrán tener  con carácter universal dos hijos, con el objetivo de paliar el envejecimiento de la población china (la ONU calcula que en 2035 más del 25% de la población serán jubilados) y garantizar el crecimiento económico. No se espera sin embargo con esta modificación que se logre el aluvión de nacimientos que necesitaría el país para cumplir dicho ambicioso objetivo, entre otros por las enormes dificultades que viven las familias para asegurar un prospero futuro a sus descendientes. Tampoco parece que la situación de la mujer vaya a mejorar en un país cuyas políticas restrictivas unidas a la aberrante preferencia cultural por los hombres ha construido una sociedad demográficamente desequilibrada, en la que se ha incrementado el tráfico de mujeres procedentes de países más pobres. Los datos son suficientemente ilustrativos: de un total de 1.360.720.000 para el 2013, hablábamos de 663.440.000 mujeres frente a 697.280.000 hombres. William Nee, investigador sobre China de Amnistía Internacional, nos recordaba hace unos días las insuficiencias de la reforma que no evitará que se produzcan el aborto forzoso, y que como recordaba constituye tortura.

En relación con el aumento en el poder de influencia y las relaciones con EEUU y la UE, y conociendo este lamentable historial de violaciones, pido (aun sabiendo que no voy a ser escuchado) que se aborden verdaderamente estos problemas desde la Unión Europea. Aquellos que predican valores como la libertad, la solidaridad o la igualdad no pueden continuar mirando única y exclusivamente a sus países. La izquierda debería recuperar el debate internacional y dejar de anclarse exclusivamente (y egoístamente) en su Estado-nación. Los Derechos Humanos son útiles aunque no deberíamos olvidar ejercer sobre ellos un debate crítico.

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