Catalunya: comprender la convulsión

Es probable que, a estas alturas, estimados lectores, sientan que existe una cierta sobreinformación en relación al tema sobre el que va a girar el siguiente artículo y, a decir verdad, es cierto: nos encantaría que la agenda pública se centrara en otras cuestiones de mayor importancia de cara a transformar la vida de las personas, como la pobreza infantil o la desigualdad social. Sin embargo, la importancia con la que nuestros países vecinos (y no tan vecinos) encaran la problemática territorial española es señal ineludible de que no está sucediendo algo habitual; estamos ante, probablemente, el mayor desafío al que nos hemos enfrentado como sociedad moderna desde hace, como poco, cuarenta años, y eso no sucede todos los días, por lo que esperamos que nos comprendan.

En el anterior artículo que escribimos hace unas semanas, tratamos de escarbar en la medida de lo posible en lo que comenzaba a estallar en aquellos días de septiembre en Catalunya; desde entonces (y ni tan siquiera ha pasado mes y medio), hemos tenido un intento de referéndum, respuesta desmedida del Estado mediante, una aplicación del que probablemente sea el artículo más conocido de nuestra Constitución, el famoso artículo 155, aprobado con el apoyo de Partido Socialista y Ciudadanos, el reciente anuncio de las detenciones de varios miembros del “govern” (hecho que sucede mientras se escribe el artículo, prueba de la volatilidad con la que todo ocurre) y un sinfín de acusaciones, exabruptos, saltos al vacío y, en definitiva, no demasiada voluntad por rebajar la tensión, sentarse en una mesa y darle una salida política al problema. La búsqueda por poder ofrecer un relato fidedigno y triunfal ante tu electorado y la esfera internacional ha llevado a una situación un tanto extraña, donde ambos gobiernos parecían andar más entusiasmados por empujar a su homólogo a la irresponsabilidad, pese a las nefastas consecuencias, con tal de justificar un movimiento en el tablero que ya tenían en mente desde mucho antes. Este sinsentido ha venido acompañado de una escalada de tensiones que ha abierto dos brechas cada vez más profundas: la que atraviesa Catalunya partiéndola en dos, y la que existe entre Catalunya y España. El resultado es el de dos gobiernos cada vez más escorados, en posiciones maximalistas, menos dispuestos a ceder por cuestiones de orgullo, y con escasos incentivos por ofrecer a su electorado un paso atrás. Relatado lo cual, trataremos de poner sobre la mesa dos cuestiones, basándonos en los resultados del reciente CEO: ¿cómo ha afectado esta vorágine al equilibrio que observamos en el anterior artículo? Y ¿qué perspectivas de futuro tiene este problema?

Recordamos, en primer lugar, las conclusiones a las que llegamos en el anterior artículo: fractura entre partes prácticamente iguales con respecto a la independencia, una sociedad mayoritariamente favorable al referéndum y a un mayor grado de autogobierno, y una profunda distancia, incluso entre el votante unionista, con respecto al gobierno central y Rajoy. Son, a priori, todos ellos elementos bastante asentados en la sociedad catalana, y no es esperable que nada de ello cambie a corto y medio plazo.

Gráfico 1.

Como vemos, y pese a lo llamativo que pueda resultar el titular del repunte independentista, no parece tratarse de un suceso extraordinario: continúa en los márgenes de variación donde lleva moviéndose el debate los últimos años, lo cual parece seguir confirmando el hecho de que existen dos partes bastante estables y posicionadas en torno a una y otra opción, y una pequeña porción de la población que parece más sensible al contexto y que va dando ventaja a uno u otro bloque. Algo más interesante es interpretar la pregunta en términos partidistas.

Gráfico 2.

Si bien, como observamos, la mayoría de partidos son bastante homogéneos en cuanto a la postura ante la independencia, existe uno que rompe esta dinámica y que es especialmente interesante: Catalunya Sí que es Pot. Se trata de un gráfico que ayuda a entender a la perfección la convulsión que vive hoy a nivel interno tal formación, en la que conviven sensibilidades muy diversas en un escenario de fuerte polarización, con la necesidad de resultar creíble ante el electorado del resto del Estado, que no parece entusiasmado con la dinámica del conflicto. Parece que la supervivencia del proyecto dependerá, en buena medida, de lograr coaligar intereses tan alejados, por lo que nos mantendremos a la espera.

Gráfico 3.

En relación a lo sucedido el 1 de octubre, la valoración de la situación es clara, y deja sensaciones similares a cuando, en el anterior artículo, comparamos la valoración de ambos gobiernos y presidentes: mientras que el votante independentista es inequívocamente partidario, a grandes rasgos, de lo que su gobierno viene haciendo, el votante unionista es notablemente más heterogéneo y crítico con la actuación del ente central. Además, en términos generales, parece que no gustó demasiado lo sucedido en aquellos días.

Es evidente, pese al lamento de parte del mundo progresista estatal, que el conflicto territorial es cada vez más trascendental para la sociedad catalana (si bien, en vista de los resultados a la pregunta de cuál es el mayor problema en Catalunya, quizá sobrevaloramos la excitación que ella parece provocar en cuanto a la prioridad que los ciudadanos le otorgan), del mismo modo que parece claro que la situación continúa donde la dejamos: autogobierno (ni siquiera lo comentamos vía gráfico por la extraordinaria coincidencia con la situación anterior), referéndum y existencia de dos bloques bastante movilizados. Es por ello, y en vista de los resultados electorales que nos ofrece la demoscopia, que no parece que las elecciones autonómicas vayan a solucionar gran cosa: da la sensación de que todo va a continuar igual. Aun así, veremos cómo responde la ciudadanía ante lo que venga sucediendo, especialmente en materia judicial.

Gráfico 4.

Continuando con la segunda parte, cabe dejar claro que no pretendemos hacer un ejercicio de prospectiva intentando “adivinar” qué escenarios nos esperan tras los acontecimientos que hemos presenciado estos días, donde el entorno ultradinámico en el que nos encontramos, hace difícil prever cuáles van a ser los movimientos de los actores implicados. Si podemos, en cambio, conocer la valoración y el grado de optimismo o pesimismo de los catalanes respecto al estado actual del conflicto y a la formulación de posibles soluciones que puedan dar respuesta al problema territorial.

Partiendo de una horrorosa valoración de la situación política (un 67,5% considera que es mala o muy mala y un 62% que es peor que el año pasado) cabe destacar que las previsiones son bastante más optimistas: casi un 40% de los catalanes considera que la situación política mejorará el año que viene y tan sólo un 24% opina que empeorará. Es muy interesante comprobar quiénes son los sectores más optimistas con el futuro político de Catalunya y quiénes son los más escépticos. Como podemos comprobar en el gráfico, los independentistas son mucho más positivos en sus previsiones sobre el futuro político de Catalunya; este porcentaje se reduce a más de la mitad en el caso de los contrarios a la independencia, ya que sólo uno de cada cuatro considera que el año que viene la situación política será mejor que la actual.

Gráfico 5.

Por último, y aunque este artículo como ya hemos dicho anteriormente no pretenda dar respuesta al “cómo” resolver este problema, porque probablemente mentiríamos si habláramos de varitas y soluciones mágicas, sí incide en detenerse a analizar “quién” es, o que actores políticos son los que tienen más probabilidades de resolver este conflicto a ojos de los catalanes. El CEO pregunta a los encuestados, después de consultarles acerca del problema de Catalunya, cuál creen que es el partido político que tiene, en su opinión, más probabilidades de solucionar dicho problema. Como podemos observar en el siguiente gráfico, en el caso de los que consideran que las relaciones entre Catalunya y España son el principal problema llama la atención que casi el 50% de los encuestados no conteste a esta segunda pregunta o considere que ningún partido político puede solucionar este conflicto. Otra conclusión que podemos deducir es que los partidos políticos que han pactado la estrategia del Estado como respuesta al desafío independentista (PP, PSOE y Ciudadanos) no han conseguido que sus homólogos en Catalunya (PPC, PSC y C’S) sean vistos por los catalanes como actores políticos con capacidad para solucionar el conflicto. Tan sólo un 12,1% creen que PPC, PSC o C’S son los partidos que mejor pueden solucionar la cuestión territorial. Por otro lado, los partidos independentistas (ERC, PDeCAT o las CUP) serían los partidos que mejor resolverían este problema para un 28,6%.

Gráfico 6

En conclusión, este CEO vuelve a constatar que los dos bloques (partidarios y contrarios a la independencia) siguen muy igualados, aunque se observan cambios relevantes en las correlaciones de fuerza de los distintos actores que componen cada uno de ellos (no olvidemos que no son bloques homogéneos y que la posición de las CUP no es exactamente la misma que la del PDeCAT, ni la del PP igual que la de CSQP). Existe una mala valoración general de la situación política actual, aunque los partidarios de la independencia son mucho más optimistas que los contrarios a la independencia respecto al futuro político del país catalán. Entre los que ven el conflicto territorial como el problema prioritario de Catalunya no hay una identificación clara acerca de “quién” puede dar una solución a la fractura. Las fuerzas políticas partidarias de la aplicación del 155 (C’S, PSC y PPC) son sólo vistas como las que más probabilidades tienen de encontrar una solución para un porcentaje muy pequeño de los que consideran que, el problema territorial, es prioritario. En definitiva, el denominado bloque “constitucionalista” deberá lidiar con las consecuencias derivadas de haber aplicado una estrategia ampliamente rechazada por la sociedad catalana, mientras que el bloque independentista tendrá que hacer frente a las contradicciones que supone “construir un nuevo país” con una parte importante de la sociedad en contra y con malas perspectivas sobre el futuro político de Catalunya.

¿Existe vida fuera de estos dos bloques o resulta imposible analizar el contexto social catalán más allá de la dicotomía en torno a la independencia? ¿Quiénes son los que, previsiblemente, hacen decantar la balanza hacia uno u otro lado? Dentro de poco intentaremos aproximarnos a estas cuestiones y seguiremos buscando claves que nos permitan comprender mejor lo que está sucediendo en Catalunya.

Artículo escrito por los politólogos Ignacio Casillas y Álex Pérez, editores de CSQN.

Foto portada/Youtube

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