Carencia material en el País Valenciano

Etiquetar ciertos casos como situaciones de pobreza apareja automáticamente ciertas consecuencias políticas de carácter delicado; de ahí que el propio concepto pobreza constituya un posicionamiento y por tanto podamos encontrar hoy coexistiendo distintas definiciones del mismo dependiendo del enfoque y los objetivos del grupo de estudio que lo utiliza.

Normalmente en el análisis de la pobreza se trabaja con indicadores referidos a datos numéricos. Al aludir de forma exclusiva a porcentajes no siempre se consigue aunar otros planos, con lo  que un análisis completo debería complementarse con diferenciales que aporten otras perspectivas. El índice de carencia material incluido en el grupo de indicadores de Desarrollo Sostenible de la UE y en los Indicadores Europa 2020 es a mi juicio un ejemplo muy interesante. Albert Sales i Campos en su más que recomendable libro El delito de ser pobre: Una gestión neoliberal de la marginalidad considera que una persona o un hogar está en situación de carencia material cuando expresa que no tiene acceso a tres de los siete bienes y servicios siguientes: no puede permitirse ir de vacaciones al menos una semana al año; no puede permitirse una comida de carne, pollo o pescado, al menos cada dos días; no puede permitirse mantener la vivienda a una temperatura adecuada; no tiene capacidad de afrontar gastos imprevistos; ha tenido retrasos en el pago de gastos relacionados con la vivienda en los últimos doce meses; no puede permitirse disponer de un automóvil; no puede permitirse disponer de un ordenador personal. Para la Encuesta Europea de Ingresos y Condiciones de Vida (EU-SILC) la carencia material es la proporción de la población que vive en hogares que carecen de al menos tres conceptos de los nueve siguientes: no tener retraso en el pago del alquiler, hipoteca, recibos relacionados con la vivienda o compras a plazos; mantener una vivienda adecuada durante los meses fríos; hacer frente a gastos imprevistos; una comida de pollo carne o pescado cada dos días; ir de vacaciones fuera de casa, al menos una semana al año; un coche; una lavadora; una televisión a color; un teléfono. Como vemos las diferencias son mínimas.

Con este indicador podemos medir, al menos dentro de las fronteras de la Unión Europea, aquellas personas que en cada país no pueden permitirse el estilo de vida utilizado por la mayoría de la población y que por tanto se encuentra en una situación cuanto menos de inferioridad con respecto al resto. Normalmente cuando se elabora una comparación entre países atendiendo a datos de pobreza relativa se suele olvidar que esta se calcula atendiendo a un umbral calculado cada año a partir de la distribución de de los ingresos del año anterior. Siguiendo los criterios de recomendados por Eurostat este se fija en el 60% de la mediana de los ingresos por unidad de consumo de las personas, por lo que aumenta o disminuye en la medida en que lo haga la mediana de los ingresos. Cuando más pobre sea un país más difícil será por lo tanto ser considerado pobre. Es por esto que existen dificultades a la hora de comparar entre países con un distinto grado de empobrecimiento. Si comparamos Alemania y Rumanía en términos de pobreza relativa podemos llegar a tener percepciones muy limitadas. Alguien que es considerado pobre en Rumanía posiblemente viva en condiciones mucho más desfavorables que su homólogo alemán, sin restar dramatismo a la situación de este último. Por contra el indicador que proponemos, al estar regido por el precio del mercado, sí se adapta de forma más correcta a la renta media, o general, de cada país de la Unión Europea. A este índice de medición podemos sumarle el de Privación o Carencia material severa, que vendría a referirse a la proporción de la población que vive en hogares donde no pueden permitirse al menos cuatro de los conceptos anteriores.

Existe un aumento referido a este tipo de carencias en un ámbito global. Estas golpearán el País  Valenciano especialmente entre los años 2012 y 2013. Un  ejemplo es la incapacidad para ir de vacaciones al menos una semana al año. Aquí en el año 2007 encontramos que para el caso español hablamos de un 37% de hogares y en el caso específico del PV un 36.3%. Aunque parece que partíamos de una situación más positiva, durante los años de crisis este tipo de situaciones se ha venido agravando llegando a un 45,8% para el caso español en el 2013, siendo superado por la realidad valenciana para el mismo año con un 50,8%.  Otra carencia material de la que hablábamos era el hecho de poder permitirse una comida de carne, pollo o pescado al menos cada dos días. Aquí encontrábamos para el 2007 un 2,5% de hogares en el caso español y un 2,7% en el caso del PV. En el 2013 hablamos ya de un 3,4% en el caso español y un 3,9% en nuestro territorio. La capacidad para afrontar gastos imprevistos también se ha visto empeorada. En 2007 hablamos de un 31,9% en España y un 30% en el PV. En 2013 son ya un 41% y un 41,6% respectivamente. El hecho de poder permitirse un automóvil sigue la misma lógica. En el año 2007 hablábamos de un 5,1% de hogares bajo esta situación en España, 6,4% en el PV. En el 2013 son ya un 6,1% y un 8,3% respectivamente. Como vemos en todas se va repitiendo la misma constante: la situación empeora. En algunos casos el incremento es de más de 10 puntos. Además todos los ciudadanos del PV se encuentran peor que el resto de la media estatal. Solo cabe matizar el hecho de poder permitirse un ordenador, que ha bajado porcentualmente en ambos casos, suponemos porque con el desarrollo tecnológico han visto variar su precio considerablemente durante estos últimos años con una tendencia evidentemente a la baja.  Recordemos que además de privación material hablábamos de privación material severa. Aquí encontramos que la evolución de mayor importancia se ha producido no tanto desde el 2007 sino desde el 2009 hasta 2013, donde observamos que para el caso español se ha pasado de un 4,5% a un 6,2%. Para el caso específico del PV hablamos de un 5,5% a un 7,1%. Se produce además un descenso durante el año 2011, de más de 15 puntos, donde se pasará en el PV de un 5,6% a un 3,9% para alejarse en tan solo un año hasta el 6,4%.

En estas elecciones algunas formaciones políticas han puesto la lupa sobre los más desfavorecidos. Conviene que el Gobierno valenciano presione severamente para que nuestra situación quede cuanto menos equilibrada con respecto a la del resto de territorios del estado español, pero sin olvidar la solidaridad a nivel estatal, europeo y global. Esperemos que más allá de espectáculos mediáticos la política cambie y se ocupe de los problemas reales. Consigamos entre todos que el año 2016 sea el año de la lucha contra la pobreza y la desigualdad.

Los datos sobre el País Valenciano han sido extraídos del Informe sobre la exclusión y el desarrollo social en la Comunidad Valenciana para el año 2014 de la Fundación FOESSA.

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