Binarius numerus infamis

La realidad política conocida hasta hoy ha sido la de un binomio disfrazado de dualidad. Una aparente oposición entre dos partidos políticos que delante de las cámaras juegan al rol schmittiano amigo-enemigo. El turnismo político, una cierta estabilidad económica y una sociedad despolitizada han sido condicionantes a la hora de ocultar lo que es, una unidad política privilegiada con diferentes siglas pero con mismos fines, la defensa de sus intereses particulares en detrimento de los intereses generales.

Según el ámbito académico podremos sacar unas conclusiones u otras. Desde la cultura política se dirá que la herencia franquista es determinante para entender una sociedad civil débil, despolitizada, con un asociacionismo exiguo y utilizando el concepto de Putnam, un capital social bajo mínimos, esto es la confianza interpersonal, dañada por un familiarismo de tradición cristiana. Una sociedad civil débil no realiza a mí entender un deber primordial, vigilar a los mandatarios y colaborar con la res pública, es decir, papel activo de un ciudadano comprometido y bien informado sobre la actualidad. Este conjunto de actitudes que engloba la cultura política nos lleva a unas élites extractivas que monopolizan la esfera de lo público, un leviatán en perpetua expansión, rompiendo la división de poderes de Montesquieu.

Si trasladamos el prisma al ámbito institucional tendremos que analizar los diferentes componentes que estructuran el sistema político español. Un primer componente es la organización de los partidos políticos. Nacidos en la convulsión de la transición se apostó por la estabilidad en perjuicio de la representatividad. Por ello su organización interna es jerárquica y cerrada, así lo podemos demostrar en el papel que juegan los grupos parlamentarios en el congreso de los diputados. Otro hecho es el voto disciplinado de los diputados para no morder la mano que les da de comer. Su composición y organización nos ha llevado a una paradoja, los principales actores de la democracia actúan internamente de forma autoritaria. Otro componente a destacar es el sistema electoral español. Fue creado una vez más para reforzar la estabilidad, construyendo mayorías artificiales. El sistema electoral es maquiavélico cuanto menos, los ciudadanos ubicados en grandes urbes tienen mayor libertad para elegir una amplia gama de partidos políticos pero su peso es menor ya que son necesarios muchos votos para llegar a alcanzar un escaño. Caso diferente es el de los territorios de escasa población, situados principalmente en el interior. Su voto tiene mayor fuerza al necesitar pocos votos para llegar a un escaño pero la libertad para elegir un partido político es menor. Como ejemplo paradigmático se suele nombrar a Soria, provincia de 90.000 habitantes donde se reparten 3 escaños. Se necesitan 30.000 votos para tener un escaño pero solo los partidos mayoritarios tienen la facilidad para llegar a dicha cifra. La fórmula d’hondt y la necesidad de llegar a un tercio de la población para alcanzar el escaño deseado lleva a los ciudadanos a realizar el denominado “voto útil o distorsionador”, esto significa que se votan segundas o terceras preferencias ya que la primera nunca va a tener representación.

Podemos incluso analizar la realidad política desde la psicología. Libro relevante a mi parecer es el de “Miedo a la libertad” de Erich Fromm. Aquí se detalla como el pueblo llano tenía miedo y rechazaba la libertad que traía la era moderna, la simplicidad por ejemplo de los gremios para crear un producto y venderlo a un precio estipulado era mejor que dirigirse hacia la libertad de las fuerzas del mercado. Un campesino sabía qué cultivar, a qué precio le iban a pagar y qué podía hacer con dicho dinero. La libertad individual para ir más allá de la adscripción y la planificación daba vértigo. Una dictadura de 40 años ha llevado, al menos al principio, a tener miedo para tomar nuestras propias decisiones, la constante en nuestra cultura ha sido la excesiva delegación en los asuntos públicos.  Esta delegación también se ha traducido en una forma de paternalismo estatal, en unos políticos que acaparando el poder evitan la intromisión haciéndonos creer que no estamos preparados para decidir por nosotros mismos.

Hay muchos puntos de vista para entender como hemos llegado hasta aquí. La conclusión donde quiero llegar es el peligro, incluso la infamia que nos lleva un bipartidismo con los mismos intereses, el mantenimiento de sus privilegios. Mediante la política comparada podemos ver como un parlamento más fragmentado tiene como resultado y máxima la necesidad del consenso. Haciendo para finalizar un ejercicio de demagogia se puede decir que existen dos clases de partidos los cuales nos llevan a una dictadura de la mayoría, el bolchevismo y los partidos políticos con mayoría absoluta.

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