Apuntes sobre La classe operaia va in paradiso. Un debate en torno a la clase obrera.

Hoy en día, parece que después del éxito de la política de la identidad, algunos sectores de la política transformadora hayan querido dar por muerta a la clase obrera de una forma un tanto espeluznante, que nos recuerda a ese fin de la historia que el neoliberalismo triunfante de los 90 proclamó. Por otro lado la reacción a eso no parece dar muestras de ir por mejor camino al caer, otra vez, en un tosco obrerismo en el cual no cabes sino eres un puro proletario, olvidando que, en la época de la subsunción real del trabajo en el capital y, tal y como el barbudo predijo hace siglos, el trabajo asalariado de una forma u otra acaba condicionando la vida de ese cacareado 99%. Lejos queda la mejor tradición del marxismo que se aliaba con los explotados como pivote de la transformación social, esa parte de ninguna parte que podía constituirse como universal. Precariado, multitud, pueblo, etc. Intentaremos con una película plantear y dar un par de claves para este debate.

La película que  vamos a comentaros es La classe operaia va in paradiso de Elio Petri, cine político italiano fuerte y polémico. Ambientada en el contexto de luchas de los años 70 en una Italia de fuerte conflictividad social (clave para entender el paso del fordismo al posfordismo) donde vemos claramente la imagen del obrero-masa, es decir una clase obrera joven y migrante. Unos jóvenes que pasan a integrar masivamente esta clase y que aportan sus dosis de rebeldía e inconformismo. El protagonista de nuestra peli, Ludovico Massa, conocido como Lulú (Gian Maria Volonté) es un obrero ejemplar de una fábrica metalúrgica de Milán. Empeñado siempre en aumentar su nivel de producción para poder ganar más dinero, sus ritmos de producción en el trabajo a destajo hacen que sus compañeros deban trabajar más y, por tanto, él sea el esquirol de turno que es odiado por sus compañeros. Lulú a lo largo de la película comenta que el produce más porque así gana más y que él no inventó el trabajo a destajo. Además Lulú es padre de dos familias y arrastra una úlcera. La película, como ya hemos dicho, se ambienta en una Italia marcada por las huelgas y las luchas políticas, en un contexto en el que la CGIL (la central sindical mayoritaria de Italia) es fuertemente cooptada por el Estado Italiano y el PCI está inmerso de lleno en las estructuras del mismo al haber iniciado la política del compromiso histórico[1]. Podemos decir que la clase obrera con voluntad de cambiar el statu quo estaba abandonada. A la cabeza de las luchas encontramos a una aristocracia obrera bien asentada y sin la menor voluntad de avanzar en la lucha revolucionaria. Pero la llegada de esos jóvenes que hemos comentado más arriba va a reconfigurar la relación de fuerzas. Esta llegada está marcada por un pacto social que prometía a los trabajadores del sur un futuro mejor si emigraban al norte. Tal y como lo narra Ballestrini:

En los mítines de entonces se decía que para que el sur progresara hacía falta trabajar que para alcanzar una nueva dignidad humana hacía falta producir. Que se necesitaba un nuevo sur, desarrollo, pan para todos, etc. Lo decía la Democracia Cristiana, lo decía el Partido Comunista, lo decían todos. Al final todo aquello terminó por ser la vía libre a la emigración. La señal de que todos debían partir hacia las fábricas del norte. Porque en el norte de Italia y de Europa las fábricas estaban listas para recibir a toda aquella masa de gente.[2]

Volviendo al film, vemos como a la entrada de la fábrica se encuentran el sindicato mayoritario que reclama a más trabajo más salario y un grupo de jóvenes estudiantes que propugnan la abolición del trabajo asalariado y que, en todo caso, menos trabajo y más salario.  Y es en este contexto que veremos cómo nuestro protagonista va a pasar de su pasotismo-esquirolismo a reconocerse como explotado y luchar para cambiar ese estado en el que se encuentra.  Todo empieza cuando Lulú, al iniciar una jornada laboral como cualquier otro día, pierde un dedo. Entonces sus compañeros inmediatamente reaccionan y paran la producción iniciando una huelga. De camino hemos visto como los trabajadores jóvenes ya han iniciado algunos actos de sabotaje que nos recuerdan al antiguo luddismo. Será entonces cuando Lulú vea la solidaridad de sus compañeros que han sido los únicos que lo han apoyado (ni el Estado, ni la familia, ni el patrón), que empezará a emerger su conciencia de clase y se vinculará a las luchas de su presente. Pero no lo hará con los trabajadores que siguen a la CGIL, sino con los jóvenes revolucionarios que piden la abolición del trabajo asalariado. Estos jóvenes han pasado a la ofensiva (recordemos que en los años 70 hubo una parte del movimiento obrero que optó por el abandono masivo de la fábrica, el sabotaje contra la producción y las huelgas salvajes). Con esto vemos que la explotación es por tanto un hecho objetivo, material. Y es que  el hecho social, que no se reduce a la posición que ocupan los sujetos en el modo de producción, va ligado al político no se pueden entender como esferas separadas. Así la ruptura del pacto social (hecho político) va a desencadenar la emergencia de una conflictividad de clases innata hasta ese momento en el Estado Italiano.

Recapitulemos: Tenemos a un obrero que ha pasado de ser un esquirol a reconocerse como explotado y luchar contra el trabajo asalariado. ¿Qué ha pasado? ¿De dónde ha surgido esta identidad? Era evidente que él formaba parte de ese grupo de desposeídos que se veían obligados a vender su fuerza de trabajo para subsistir,  pero hasta el momento en que ha experimentado la solidaridad y ha entrado en conflicto con los patrones y el estado no ha pasado a reconocerse como explotado y a identificarse con sus compañeros. No se trata de, como dice Mouffe, que la historia del sujeto sea la historia de sus identificaciones y no haya ninguna identidad oculta que rescatar más allá de estas últimas[3]. Sino que se trata de entender que las identidades se dan como procesos históricos conflictivos y que, siguiendo a Thompson: “La clase es un fenómeno histórico que unifica una serie de sucesos dispares y aparentemente desconectados, tanto en materia prima de experiencia como en conciencia.” No es una categoría, ni una estructura, sino algo que tiene lugar y de hecho pasa en las relaciones humanas. Thompson recuerda que si no puede haber amor sin amantes tampoco hay sumisión sin siervos. Por lo tanto “la clase cobra existencia cuando algunos hombres, de resulta de sus experiencias comunes, sienten y articulan la identidad de sus intereses a la vez comunes a ellos mismos y frente a otros hombres cuyos intereses son distintos-y opuestos- a los suyos”[4].

Con este marco conseguimos entender el paso que da Ludovico Massa. El contexto histórico de la Italia de esos años hizo aparecer identidades políticas que es cierto antes no se daban, pero por el hecho de la paz social reinante producida por el pacto social, no porque el antagonismo que se daba (y se da) en la producción hubiera cesado. No por nada el comunismo fue concebido por sus parteros como el intérprete consciente de un movimiento inconsciente.

La película finaliza con una derrota, como el movimiento del 77 italiano. Y de la derrota nace el posfordismo. Hoy en día parece que todos los sueños de esa gente se hayan vuelto contra nosotros; la desindustrialización, al querer abandonar la fábrica. Como respuesta al no querer largas jornadas  ahora tenemos trabajos precarios. No queríamos tener amos, ahora somos nuestros propios amos.  Una contrarrevolución en toda regla.

Se podría decir que si durante los años 70 se quiso dar a todo valor de cambio un valor de uso directo, ahora el capital en su contraofensiva está dando valor de cambio a todo valor de uso.

Para redactar este artículo he tenido la inestimable ayuda de mi amigo y compañero Xavi Granell.

Foto portada/noisey.vice.com

[1] Brevemente para aquellos que desconozcan de que se trató; propugnaba una colaboración orgánica entre todos los partidos de mayor representación nacional: Democracia Cristiana, PCI y Partido Socialista Italiano. Así se intentaba conseguir el máximo consenso posible en torno a las instituciones democráticas  a través de una política reformista.

[2] BALLESTRINI,N(2006): Lo queremos todo. Traficantes de sueños: Madrid

[3] Consultar el artículo de Mouffe http://www.macba.es/antagonismos/castellano/09_04.html

[4] THOMPSON,E.P(1963). La formación de la clase obrera en Inglaterra. Capitan Swing:Madrid

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