American Psycho y la dictadura del individualismo

El visionado de la obra de Mary Harron protagonizada por Christian Bale debería ser uno de los elementos imprescindibles a analizar en cualquier facultad de Ciencias Políticas y Sociología. Este film resulta muy sugerente, a mi entender, para comprender muchos procesos sociales de la actualidad, así como valores imperantes de nuestro presente que se muestran como ideas fuerza y como medios para alcanzar el éxito y el reconocimiento.

Como plasmo en el título que da nombre a esta pequeña reflexión, considero que el elemento o valor central que opera en el transcurso del relato, del cual se derivan muchos otros, es un fuerte individualismo representado por el protagonista de la película. Se nos retrata a un personaje que obedece a lo que podríamos denominar como los cánones de éxito establecidos: guapo, joven, adinerado, con un buen puesto de trabajo, etc.

Alguien que encaje en una descripción así podría ser considerada una persona afortunada pero, en cambio, vemos que esto no se asemeja a la realidad. Nos encontramos a un personaje que vive abochornado por la presión que representa el mantenimiento de ese estatus de “éxito”. Una suerte de narcisista que se siente impotente con sus “iguales” al ver que éstos le superan. Esto queda reflejado perfectamente en la escena en la que comparan sus tarjetas de empresa y enfurece al ver que las tarjetas de los otros son más elegantes que la suya o cuando uno de ellos consigue una mesa en un restaurante exclusivo.

Ese individualismo que tiene interiorizado, le lleva al desprecio hacia aquellos que se encuentran en una situación social más desfavorecida. Varios ejemplos se dan en la película de esto que señalo. Uno de ellos es el momento en que parece compadecerse de un mendigo por su precariedad pero al que acaba asesinando acusándole de ser él mismo el responsable de su miseria, omitiendo las vulnerabilidades a las que todo individuo se encuentra expuesto en un sistema como el actual.

Es precisamente, esa actitud narcisista y esa persecución acrítica del éxito lo que le lleva, como nos muestra el final de la película, a vivir una ‘realidad’ paralela. Un delirio constante que le impide discernir si lo que está viviendo es real o es puro fruto de su imaginación.

Brevemente esbozado aquello que me sugiere la película, paso a plantear algunas metáforas de nuestros días que también ponen de moda y ensalzan ese individualismo reflejado en American Psycho que ayudan a entender desde hábitos de consumo hasta comportamientos estéticos e incluso electorales.

Una de las palabras fetiche es la de emprendedor/a. En un contexto como el actual de paro masivo (sobre todo el juvenil, cercano al 50%). Así que este es uno de los mantras que la gente de éxito vende. Se nos dice que “la juventud no puede ser acomodada” o que “el trabajo fijo y estable es una cosa del pasado”, así que cada cual (individualmente) debe sacarse las castañas del fuego. Para ello se dan varios ejemplos (a menudo hombres) de cómo, empezando desde cero, éstos “se han hecho a sí mismos”. Ahí están los Steve Jobs, los Bill Gates y, si usted es español, tendrá a Amancio Ortega como adalid de la emprendeduría (en este caso también vale Josef Ajram, pero sólo si eres runner o triatleta). Eso sí, como te gastes tus ahorros conseguidos en trabajos precarios y ‘fracases’ ya puedes ser considerado un looser. En este apartado también podemos enmarcar a las startups.

En fin, poco se habla del entorno favorable necesario para lo que llaman emprender. “Todo depende de ti…”, pero deberían añadir “…y si tienes un origen socioeconómico favorable mejor que mejor”. También se elude, la mayoría de las ocasiones, el papel impulsor fundamental que debe jugar el Estado y el conjunto de las administraciones en el fomento del autoempleo y la creación de empresas.

Otro elemento que gana fuerza en un contexto así (con un paro estructural elevado) es el del aumento de las desigualdades y la ruptura de la cohesión social. Esto hace que también crezca el egoísmo y sea muy complicado introducir en el debate público ideas interesantes para la discusión como la renta básica universal defendida por economistas como Santiago Niño-Becerra (leer aquí). Generalmente utilizando argumentos bastante simplistas pero que calan en sectores alienados y, por qué no decirlo, puteados en sus puestos de trabajo. En muchas ocasiones escuchamos al tertuliano de turno decir lo siguiente: “Cómo va a preocuparse alguien por buscar trabajo si el Estado le regala 600-800€ por no hacer nada mientras otra gente por trabajar 10 horas al día cobra 1000€”.

Obvian en esta falacia que esa renta la perciben TODOS los ciudadanos. Pero la crítica fundamental es la filosofía con que se encara la problemática. Retóricamente planteo ¿no sería más inteligente aprobar un aumento del salario mínimo para que nadie tenga que ser pobre trabajando o tenga que compatibilizar dos trabajos? ¿No es injusto que alguien que trabaja casi 60 horas semanales cobre poco más de 1000€?

Para concluir, al respecto de la última reflexión cabe señalar que, desgraciadamente, muchos de los sectores que mayor oposición muestran hacia mecanismos como la renta básica son aquellos que se verían más beneficiados de ella. He aquí el gran éxito hegemónico-cultural de quienes, desde su atalaya, loan las bondades de la meritocracia. Muchos de los cuáles no gozarían de su situación de privilegio de no ser por su cuna.

Foto portada/www.eonline.com

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