5 límites para el próximo líder de los EEUU

Aún quedan 31 semanas hasta las elecciones estadounidenses, pero gracias al lamentable espectáculo de Donald Trump (Drumpf) y a las redes sociales, los europeos hemos tenido la oportunidad de experimentar una pizca de sus eternas campañas electorales. Históricamente existe una divergencia entre la retórica de los candidatos durante las elecciones y su posterior acción de gobierno, más si cabe en un país enorme constreñido por su propia influencia internacional: G.W. Bush lanzó la campaña para su primera presidencia con un mensaje aislacionista, centrado en reducir la presencia militar estadounidense en escenarios internacionales y proteger la economía doméstica del Mercado Global…una tarde y 3mil  muertos después bastaron para obligarle a dar un vuelco político que acabó definiendo la primera década y media del siglo XXI.

Sin importar quién entre a la Casa Blanca, varios temas van a condicionar su agenda los próximos cuatro años: el crecimiento económico y la desigualdad, la fragmentación europea, la reforma de la OTAN, la salida ordenada de Oriente Medio y el reto del dominio estadounidense de la región Asia-Pacífico. Cada uno de estos compromisos va a resultar ineludible, y la forma en que la presidencia los aborde definirá nuestras próximas décadas.

En el campo de la Economía, simultáneamente doméstica y global, las inyecciones de liquidez por parte de los bancos centrales desde el inicio de la crisis financiera de 2008 no han sido otra cosa que un tributo para calmar a los grandes inversores. Los gobernantes han comprado tiempo a costa de los ciudadanos, pero este pasa y los sectores económicos que generaban empleos masivos (como la industria o la construcción) siguen retrocediendo en todo el mundo, mientras que la desigualdad de renta en todas las “economías desarrolladas” no deja de avanzar. De Suecia a Sudáfrica, en China y México, la esfera de las llamadas clases medias tiende a la contracción; en consecuencia, reactivar la economía de consumo a base de estímulos estatales sin cortar los tributos a los grandes inversores consumirá mucho esfuerzo para la nueva administración.

En Europa las consecuencias políticas del estancamiento económico están fragmentando la Unión. La crisis del empleo juvenil, los altos niveles de endeudamiento y las políticas migratorias están enfrentando los intereses nacionales de los miembros del Sur y el Este contra los de sus socios del Norte. La fragmentación europea se está acelerando (con las elecciones de Alemania y Francia en 2017) y la próxima administración estadounidense tendrá que utilizar gran cantidad de capital político en negociaciones multilaterales con sus propios aliados.

Este panorama complica especialmente el estado de la principal alianza militar en Occidente, la OTAN. Los consensos sobre quién debe financiarla o cómo ha de reaccionar en los diferentes escenarios son ya motivos de fricción, y con el papel activo de Turquía en Oriente Medio o las presiones de Polonia y los países bálticos para actuar duramente contra Rusia (en contra de los intereses de Francia y Alemania). Mantener la estabilidad en Europa del Este y Oriente Medio sin protagonizar ninguna guerra ni aumentar la inversión militar sobre el terreno serán prioridades complejas para el próximo gobierno.

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Miembros del Tratado Transpacífico, según Forbes, sin incluir a China e India que tienen un trato preferencial diferenciado con cada uno de los otros países.

Por último, los intercambios económicos y culturales a través de la región Asia-Pacífico han sido, y continuarán siendo, la prioridad hegemónica de los Estados Unidos. Esta área concentra dos de los tres mercados más ricos del mundo, así como la amplia mayoría de la población mundial. Es una necesidad para EEUU participar en estos intercambios y mantener el máximo nivel posible de estabilidad en la región; sin embargo, instrumentos de inferencia como el Tratado Transpacífico o la presencia militar continuada han resultado en la práctica ser tan exigentes para el gobierno como productivos. No habrá presidencia posible que no se vea atascada en este reto.

En resumen, la agenda del próximo gobierno de Estados Unidos está fuertemente influenciada por su relevancia global. Hoy los candidatos siguen proyectando futuros ideales, y señalando objetivos que se proponen abatir (la burbuja de la deuda estudiantil, la reforma migratoria, la equidad racial y de género, etc.) pero en 8 meses alguno de ellos tomará posesión del cargo y se verá con la obligación de atajar también todos los compromisos señalados en los párrafos anteriores. De su habilidad o inhabilidad para gestionar y transformar la realidad dependerá nuestro futuro próximo.

Foto principal/BBC Canadá

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