21-D: Baile y ¿cambio de pareja?

Imaginamos que entre nuestros queridos lectores no tenemos la suerte de contar con ningún extraterrestre. Es cierto que las posibilidades de hacerlo son escasas, del mismo modo que parece improbable que este texto caiga en las manos de algún ciudadano recién descriogenizado. Por si lo hubiera, tenemos una sorprendente noticia que darles: el jueves 21 de diciembre hay elecciones en Catalunya. Bien visto, y tratándose de los cuartos comicios en apenas seis años y medios, con dos consultas o intentos de referéndum de por medio, es cierto que la situación se asemeja más bien a El Día de la Marmota, pero, francamente, parece difícil imaginar unas elecciones más trascendentales que las que viviremos en apenas unos días. Pese a ello, la probabilidad de, en un breve espacio de tiempo, repetir otro día histórico cabe tenerla en cuenta, más cuando nos encontramos ante un problema que se ha llevado por delante todos los equilibrios preexistentes en Catalunya, por suerte o por desgracia. Especialmente tensos han sido los últimos tres meses, que han llevado al límite la ya polarizada situación ante la que nos encontramos: resulta especialmente interesante, por ende, observar la reacción electoral. de la ciudadanía catalana ante tal sucesión de hechos. Tras dos artículos tratando de conocer y comprender algo mejor qué estaba sucediendo, en el siguiente nos centraremos por completo -y de forma lo más breve posible- en el proceso electoral y sus posibles consecuencias: valoración de candidatos, preferencia de pactos, trasvase de votos entre partidos, evolución de encuestas, estimación de diputados y posibles escenarios, fundamentalmente.

Gráfico 1. Movimiento por bloques en Catalunya (1980-2017)

En primer lugar, es importante recuperar la perspectiva y conocer, a grosso modo, de dónde venimos. Podríamos hablar de una etapa entre el restablecimiento de la autonomía y el año 2006, en la que Catalunya se caracteriza por elecciones con participación moderada o baja, una gran mayoría de votos favorables a ensanchar la autonomía dentro del Estado español, y un eje del nacionalismo subordinado al tradicional izquierda/derecha, que primaba (Pactos del Majestic entre PP y CiU, Tripartito entre PSC, ERC e ICV). Desde entonces, la participación comienza un fuerte ascenso hasta niveles jamás alcanzados con anterioridad, y, fundamentalmente, observamos cómo el equilibrio interbloques sufre una fuerte modificación: ya no existen partidos nacionalistas moderados, iniciando entre ellos una especie de carrera hacia un votante cada vez más proclive a la independencia; en el lado opuesto, las opciones tradicionalmente intermedias, cercanas al progresismo catalanista, comienzan a perder fuelle ante opciones que, más allá de políticas socioeconómicas, destacan por un arraigado y potente anti independentismo (Ciudadanos). En todo caso, observamos que las elecciones de 2017 significarían el peor resultado del nacionalismo catalán desde las primeras elecciones, pese a que pudiera parecer que, en términos electorales, rozan máximos en la serie histórica.

Gráfico 2. Posicionamiento respecto a independencia según intención de participar el 21D

¿Qué elemento puede provocar que los partidos nacionalistas catalanes, pese a la hipermovilización de su electorado, desciendan en porcentaje de voto y diputados obtenidos? En principio, la esperada movilización del electorado tradicionalmente pasivo en las citas autonómicas, más cercano a priori a las tesis no independentistas: o, dicho de otro modo, la famosa “mayoría silenciosa” a la que constantemente apelan los partidos unionistas, y que sí parece mostrar una mayor propensión a votar en estas elecciones. Incluso así, podemos observar cómo, en términos relativos, los detractores de la independencia continúan manteniendo una considerable tendencia a la abstención. De ello dependerá buena parte del trascurso de las elecciones, y el que se decante en una u otra dirección.

Gráfico 3. Evolución sondeos hasta el 21D

Centrándonos en los datos que hemos podido ir obteniendo hasta el momento, y dividiendo en tres las tandas de encuestas publicadas desde el inicio de la campaña electoral, observamos cómo los movimientos principales parecen ser dos, uno en cada frente: caída del PP en favor de un Ciudadanos en disposición de ganar las elecciones, y la recuperación a lo largo de la campaña de Junts per Catalunya a costa de ERC, que parecía claro vencedor hace apenas unas semanas, pero cuya posición queda ahora en el aire.

Gráfico 4. Media de diputados para el 21D

En relación al número de diputados, la situación quedaría igualmente ajustadísima: el independentismo se quedaría a un solo diputado de reeditar la fórmula de gobierno utilizada hasta el momento.

Las modificaciones respecto a las últimas elecciones de 2015 serían, si todo siguiera el camino previsto por la demoscopia, el crecimiento de Ciudadanos y PSC (que, además, suma a través del pacto preelectoral a buena parte de los miembros de la vieja Unió) y la caída del resto de partidos en cuanto a representación, con mención especial a la del Partido Popular. El siguiente gráfico nos ayuda a comprender estas dinámicas a partir de la respuesta a la siguiente pregunta: ¿a qué partido votará hoy el votante de cada formación en 2015? Las tres mayores migraciones serían la sufrida por el Partido Popular hacia Ciudadanos, el trasvase de los antiguos votantes de Catalunya sí que es pot (que ha evolucionado hacia la actual Catalunya en Comú) en favor del PSC, y las fugas de la CUP hacia ERC. Más allá de los movimientos entre partido, especial interés tiene observar el voto de quién prefirió no votar en 2015, que parece confirmar la teoría del votante pasivo movilizándose en estos comicios, en favor de Ciudadanos y PSC.

Gráfico 5. Trasvase de votos 2015-2017

Una vez observado el pulso de la situación, pese a todas las precauciones que hemos de mostrar a la hora de realizar cualquier tipo de aproximación, es momento de entrar en las posibilidades de futuro. Suceda lo que suceda el 21 de diciembre, parece que nos esperan unas semanas muy intensas en relación a la formación de gobierno y al pacto que pueda hacerlo posible, y es importante conocer las preferencias de los votantes para aproximarnos con rigor y dejar a un lado nuestros deseos.

Gráfico 6. Preferencia en pactos postelectorales

Mientras que los votantes de CUP y En Comú Podem se decantan por pactos de izquierdas (aunque intuimos que con actores distintos, en relación al papel del PSC), el Partido Popular y Ciudadanos se decantan clarísimamente por un pacto entre los llamados partidos constitucionalistas (PP, PSC y Ciudadanos). Por su parte, quién pretende votar ERC o JUNTSxCat opta, lógicamente, por un pacto independentista, pese a que casi un tercio de los votantes de ERC optaría por opciones alternativas. Por último, y tratándose del partido más dividido en esta cuestión, el PSC se dividiría en dos partes muy importantes entre quién se decanta por constitucionalistas y quién lo hace por un pacto de izquierdas.

Gráfico 7. ¿A quién prefiere como presidente de la Generalitat?

En cuanto al presidente, parece que Puigdemont continúa siendo el presidente favorito para buena parte de los catalanes, seguido de, curiosamente, Miquel Iceta (cuyo partido ocupa la cuarta plaza en casi la totalidad de sondeos), quién se beneficia del fuerte apoyo entre los votantes de CSQP y su buena imagen de cara al electorado popular y de Ciudadanos.

Partiendo de todo ello, cabe recordar que las teorías aportadas desde la Ciencia Política para intentar “prever” las posibles coaliciones o acuerdos de gobierno en escenarios de democracia parlamentaria nos recuerdan que el porcentaje de voto que obtengan los distintos partidos políticos es una variable clave, pero no la única. En esta campaña (a diferencia de la anterior) los partidos que defienden la independencia ya han dejado claro que una mayoría de diputados sería suficiente para continuar con el “procés”. El sistema electoral, la participación (cuyos efectos ya hemos podido constatar por ejemplo en el voto rogado, que se ha duplicado) o incluso los últimos días de la campaña electoral, son también variables que deben ser tenidas en cuenta en un escenario que cuenta con muchos actores y donde la desviación típica producida entre unos sondeos y otros ha sido bastante alta. Todo sigue abierto.

Por otro lado, y aunque los medios de comunicación y algunos analistas sesudos estén planteando las elecciones del 21 de Diciembre como una lucha entre dos bloques (constitucionalistas e independentistas), hay algunos elementos que parecen apuntar que ésta es una cuestión mucho más complicada, y con distintas posibilidades: parece sencillo predecir gobierno si uno de los dos bloques suma, pero parece complejo que así sea, abriendo un amplio abanico de posibilidades, especialmente en relación a la postura de los comunes de Xavi Domènech.

Desde el PSC de Miquel Iceta se ha defendido durante toda la campaña una postura contraria a facilitar un gobierno independentista (incluso con ERC), pero también uno presidido por la candidata de Ciudadanos, Inés Arrimadas. Subyace en esta postura que puede ser interpretada como contradictoria un hecho clave: el PSC es el único partido capaz de aspirar a lograr un voto favorable de los comunes, del Partido Popular y de Ciudadanos en una investidura. No obstante, parece bastante complicado que veamos a PP, C’s y a CeC permitiendo un gobierno de Miquel Iceta; la preferencia de pactos analizada previamente, o las soluciones que plantean las propias formaciones políticas para “resolver” el conflicto catalán suponen fuertes obstáculos.

Otro escenario que han dibujado algunas encuestas es la posibilidad de que sume un gobierno de izquierdas, formado por ERC, PSC y los Comunes. Ésta precisamente es la apuesta de CeC y de su candidato, que jugaría así un papel “Borgen” como mediador entre ERC y PSC. Una vez más, la hoja de ruta planteada por los republicanos y la postura favorable a la aplicación del 155 de los socialistas catalanes serían los principales escollos. En esta ocasión, la divergencia entre los votantes no sería probablemente una variable insalvable ya que buena parte de los votantes de Esquerra y del PSC abogan por un gobierno de izquierdas. En todo caso, si estas tres formaciones no contaran con los diputados suficientes, los Comunes tendrían una posición muy complicada, en la que sería mucho más difícil disputar un marco distinto al de los dos bloques antitéticos a favor y en contra de la independencia.

La mayoría de los sondeos, como hemos visto, ven más probable en este sentido una mayoría del bloque independentista que podría sumar con la abstención de los Comunes. De ser así, tanto el gobierno de España como el posible gobierno de la Generalitat tendrán que decidir si acercar o alejar sus respectivas posiciones y jugará un papel clave los incentivos que tengan cada uno de ellos. Ante la aparente complejidad que supone gestionar sustantivos como fragmentación, diversidad o fractura es posible que algunos ya se atrevan a vaticinar una repetición de elecciones antes de conocer los resultados. Sin dejar de lado esta posibilidad y a modo de recordatorio, no está de más tener en cuenta que en los dos últimos años hemos visto a la CUP apoyando la investidura de un presidente de la antigua Convergencia y al PSOE -del no es no- permitiendo un gobierno de Mariano Rajoy. Todo está abierto y desde luego en un sistema parlamentario como el nuestro no todo estará dicho el 21 de diciembre. Ese día desde luego los ciudadanos de Cataluña repartirán las cartas, pero a partir de entonces, será a otros a quien corresponda jugar la partida. ¡Qué comience el baile!

Artículo escrito por los politólogos Ignacio Casillas y Álex Pérez, editores de CSQN.

Foto portada/lasteles.com

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