2014 en 6 tragos

En este breve artículo el equipo de CSQN pretendemos dar una breve visión de aquellos acontecimientos que han marcado el año 2014.

Podemos por Raúl Soriano

Sin duda es el tema del año. Litros de tinta han corrido y correrán si de Podemos hablamos. Esta referencia en este blog es prueba de ello. El 25 de enero los resultados electorales de las europeas suponían una bofetada al sistema con los 5 escaños conseguidos por una formación con apenas 4 meses de vida. Los acontecimientos se han desencadenado desde entonces (no necesariamente como consecuencia de este resultado), renovación de líder en el PSOE, abdicación del Jefe del Estado en su heredero, etc. Lo que muchos diagnosticaron como un berrinche de los electores vemos como, atendiendo a todos los sondeos referidos a futuros comicios, se consolida como una fuerza política con opciones reales de gobierno en muchas autonomías y una rotura con el bipartidismo a nivel estatal. A falta de construir sus estructuras a nivel autonómico así como la estrategia de pactos que diseñen, atendiendo a las correlaciones de fuerzas que se den, observamos cómo incluso en los feudos nacionalistas de Cataluña y el País Vasco Podemos tendría una situación relevante cercana a ser la fuerza más votada en este último caso, a solo un escaño de PNV. El futuro es un país extraño como reza el título del libro del historiador Josep Fontana y deberemos estar muy atentos al devenir de los acontecimientos, lo que es seguro es que no dejarán indiferentes a nadie.

Cambio en la Jefatura de Estado por Elena López

Uno de los sucesos políticos e históricos más importantes del año fue la abdicación del Rey Juan Carlos I en su hijo Felipe VI. La sucesión de la Corona suscitó durante meses un intenso debate sobre el modelo de jefatura del Estado, tras la proclamación del nuevo rey dicho debate, tristemente, comenzó a apagarse. Nos encontramos con que finalmente tenemos un Jefe de Estado no electo, impuesto, y a mí eso de Jefe de Estado impuesto no me suena muy democrático. Tal vez sea el más preparado pero no ha accedido al cargo por méritos propios, hubiera dado igual que esté preparado o no y en este punto la legitimidad del sistema se tambalea. ¿República o monarquía? Para todos aquellos defensores de la monarquía que ensalzan la gran labor de Juan Carlos I y lo difícil que fue todo en la transición no lo dudo, pero decir que Felipe VI es legítimo porque en el año 1978 se aceptó a un rey y a su futura descendencia en un contexto tan tenso y en el que se tenía tanto miedo no me parece democrático ni legítimo, casi me parece coactivo. Tal vez en ese momento era la mejor opción pero ¿no vivimos en una democracia consolidada como dice nuestro nuevo rey? El simple hecho de que exista tanto miedo a que la gente “participe”, a que la gente vote y exprese su opinión responde esa pregunta. Felipe VI habló en su discurso de Nochebuena de la necesidad de un “impulso moral colectivo”, en eso estamos de acuerdo, cuando se dé en España el empoderamiento de los ciudadanos que debió darse en la Transición podremos hablar de democracia consolidada.

Los “asaltos” a la valla por Xavi Giménez

Los llamados asaltos a las vallas de nuestras fronteras europeas del sur no son más que el reflejo desgarrador de la desesperación humana, una desesperación que tiene responsables.

Cuando nuestras élites políticas, en representación de intereses económicos de altura (no éticamente hablando, ¡claro está!), establecen relaciones comerciales con antiguas colonias africanas gobernadas por déspotas psicopáticos, están legitimando, con sus acciones vergonzantes, la posición de sumisión a la cual estos gobernantes corruptos mantienen sometida a buena parte de su población. Esta población autóctona, desposeída de todo tipo de esperanza, ve en las todavía inclusivas instituciones económicas europeas una salida a su calamitosa situación.

¿Podemos culparles/as por querer escapar de su desalentador contexto de precariedad vital, sometido a los designios divinos de algún tirano sin escrúpulos ni ética? No lo creo.

Lo cierto es que nuestra aceptación pasiva del actual orden global reproduce su situación.

Los llamados asaltos a la vallas de nuestras fronteras sur no son más que el reflejo de las externalidades más negativas del actual e injusto des-orden socioeconómico mundial, un des-orden del cual la población europea, en buena medida, también es víctima, sufriendo los efectos de la Gran Divergencia[1] y padeciendo las consecuencias tanto materiales como psicológicas asociadas a la precarización del mercado laboral.

En clave geopolítica por Iván Mínguez

Este año 2014 ha dispuesto las piezas para un 2015 muy difícil en terminos geopolíticos. Ninguno de los grandes actores estatales del siglo pasado posee la estabilidad económica necesaria, ni tampoco la cohesión política interna suficiente cómo para protagonizar una solución unilateral en el Sureste Asiático, el antiguo Creciente Fértil (entre Turquía e Irán, con sus ramificaciones Norteafricanas y Arábigas) ni tampoco en Europa dónde la cuestión Ucraniana ha devuelto el fenómeno de la Guerra que el mito fundador de la Unión Europea daba ya por desterrado. La esperanza en que esta degradación de los poderes hegemónicos supondría el nacimiento de una verdadera Comunidad Internacional capaz de consensuar soluciones y unir fuerzas para enfrentar la complejidad de los problemas ha quedado destruida; en su lugar todos los escenarios han rebasado el punto de estancamiento diplomático mientras, a ras de suelo, se siguen destruyendo cuerpos y futuros de millones de seres humanos. Nada hace suponer que algún gran conflicto violento de nuestro tiempo, incluyendo los no convencionales – violencia criminal, hambre, migración y trabajos forzados, etc. – vaya a disminuir o acabar cerrando en el próximo año (ni siquiera Colombia). En todo caso, no es aconsejable regocijarse en el pesimismo y creer que somos una especie maldita, las decisiones políticas siguen teniendo el poder para transformar sustancialmente la realidad… y haríamos bien en descubrir cómo este terremoto global (político, militar, económico, cultural, humano) abre la puerta a realidades completamente absurdas hace tan solo dos años: cómo el ascenso de opciones políticas contrahegemónicas en el centro de los imperios, o la apertura de candados tan oxidados cómo pudieran ser Cuba e Irán. Como reza la maldición china: “estamos viviendo tiempos interesantes”.

Ley ‘mordaza’ por Lluís Garrido

Eliminar el control judicial (con sus correspondientes garantías) a base de sanciones administrativas es la forma más elegante que se me ocurre de calificar lo que algunos tildan de vuelta al franquismo. Lejos de enriquecerse con las opiniones de los otros y corregir aquello que no gusta, el Partido Popular gobierna para sus votantes, o ni eso, y cierra el año con la aprobación de esta Ley de Seguridad Ciudadana sacada adelante en solitario. La Ley toca muchos puntos (tenencia de drogas, ocupación de inmuebles, devoluciones en caliente…) con mayor o menor acierto. Sus pocos defensores afirman que es necesaria en tanto se acomoda perfectamente a nuestro tiempo, ¡no les falta razón!,  pues ha sido capaz de adaptarse a todas y cada una de las nuevas fórmulas de protesta que van apareciendo en el imaginario colectivo. Solo se dejan en el tintero el ‘manifestódromo’. Tampoco habría sido para tanto, al fin y al cabo  los que protestan no son más que imbéciles a los que les gusta reír, gritar y pasar el rato…

2015, ¿el año del empoderamiento? por Diego Álvarez

El año 2014 termina cargado de expectativas de cambio para el panorama político nacional. El discurso de algunas formaciones políticas incluye llamamientos al empoderamiento de la ciudadanía. Algunas, incluso, llegan a afirmar que su proyecto político es, en esencia, empoderador. Sin duda, constituye una novedad y un motivo de esperanza de que haya un cambio real. Sin embargo, la vaguedad con la que se escucha hablar del término, el vacío de propuestas concretas que lo acompañan y la falta de aprehensión del concepto por parte de la ciudadanía hacen albergar bastantes dudas para el año 2015. De un lado, nos queda la duda de si la ciudadanía querrá realmente empoderarse, si estará dispuesta asumir esta responsabilidad y si hará frente a los costes que se puedan derivar. Por otro lado, no parece claro que los partidos políticos, ni tradicionales ni nuevos, estén interesados en contar con una ciudadanía empoderada y, menos aún, trabajar activamente porque así sea. Además, dudamos que la representación política conforme está articulada actualmente sea el espacio adecuado para empoderarnos. Y, de ahí, que creamos que será necesario poner en marcha nuevas fórmulas de participación y colaboración ciudadana. Queda por ver que aceptemos el reto.

[1] Paul Krugman 2011

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