20-D: una carrera de fondo

Ya se ha deshojado la margarita. Por fin tenemos fecha, 20 de diciembre, para las próximas elecciones generales, así lo anunciaba el pasado día 1 el presidente Rajoy en una entrevista con Gloria Lomana en Antena 3. Acabará así una carrera de fondo, con destino Moncloa, que ha marcado este año 2015. Porque no nos engañemos, todos los comicios anteriores (municipales y autonómicos) sólo han sido los entrantes de un gran banquete o la pretemporada para la alta competición.

La fecha escogida obedece fundamentalmente a la necesidad de aprobar los Presupuestos Generales del Estado para el año 2016, cosa que condicionará en gran medida las políticas públicas que se podrán llevar a cabo en caso de que haya un cambio de signo en el Gobierno estatal. Pero no será este el objeto de análisis en este artículo.

No hay más que observar y comparar encuestas, programas de televisión y actores políticos que copaban los titulares y el foco mediático en las anteriores elecciones generales que dieron como vencedor al Partido Popular. Tampoco el contexto es el mismo, aunque se puedan encontrar muchos elementos que poco han variado en esta larga legislatura.

Sin duda, como ya he comentado en artículos anteriores en los que analizaba las elecciones europeas y autonómicas, estas generales no serán unas elecciones más. A los dos grandes partidos tradicionales de lo que se conoce como ‘régimen del 78’, se sumarán Podemos y Ciudadanos, uno por cada bloque (izquierda o centro-izquierda y derecha o centroderecha). Presumiblemente, y sin afán de ser futurólogo, todos ellos superarán el 10% de los votos, la cual cosa supone eliminar la opción de que algún partido vaya a alcanzar en solitario una mayoría absoluta de los escaños al Parlamento.

Un aspecto que no debemos obviar es que los elementos del sistema electoral no son inocentes, en particular el tamaño o magnitud de las circunscripciones o distritos electorales (provincias), que con carácter general son más pequeños (se eligen menos diputados) que en las elecciones autonómicas. Esto se traduce en que en la mayoría de las provincias se reduzca drásticamente la proporcionalidad beneficiando a los partidos más grandes o a los nacionalistas en aquellos lugares en que concentren mucho voto. Estas disfuncionalidades del sistema electoral hace que muchos electores opten por lo que se conoce como voto útil o estratégico, que básicamente consiste en dar el voto a una fuerza que, pese a no ser la preferida por el elector, éste considera que tiene más opciones de obtener representación que su opción preferida (así ha ocurrido tradicionalmente con PSOE e IU por ejemplo).

Una posible alternativa para atenuar los efectos mayoritarios que produce el diseño del sistema es la constitución de pactos pre-electorales. Y en esas están muchos partidos de izquierdas (a la izquierda del PSOE). Podemos e Izquierda Unida llevan meses en conversaciones “tratando de llegar a un acuerdo” acerca de cuál es la forma jurídica con la que concurrir juntos a las elecciones. Parece ser que las negociaciones están rotas, lo cual supone una gran satisfacción para el PSOE que, con un voto más disperso entre las fuerzas a su izquierda será el partido más beneficiado.

A mi parecer, esta “estrategia” pone de manifiesto dos cosas: de un lado la arrogancia mostrada por los cuadros dirigentes de Podemos, en particular de su líder, que se ha dedicado a lanzar epítetos paternalistas, cuando no despectivos, a Izquierda Unida; y de otro lado, la propia Izquierda Unida, queriendo en muchos casos, no en todos, ser quien imponga una línea a seguir y unas siglas que a mi entender ya no dan más de sí. Y en esas estamos, todos muy puros y muy fieles a unos principios, pero condenados al fin y al cabo unos a la irrelevancia y otros, como mucho, a ser muleta del PSOE.

Otros en cambio llegan fatigados al sprint final porque corrían con una mochila lastrada. Algunos han ido soltando peso durante el último año, a su manera claro está. El PSOE ‘dimitía’ a dos buques insignia como Chaves y Griñán (como si sólo así se terminase con la sistémica corrupción de Andalucía), pero cierto es que lo hacían. Gesto que hizo hinchar el pecho cual pavo real al líder de Ciudadanos Albert Rivera, quien no dudó en apuntarse el tanto de ser quien impulsase la regeneración en las instituciones. Luego no dudaría en apoyar la investidura del PP de Cifuentes (y de la Púnica, y la Gürtel…). ¿Paradójico, verdad?

El PP llega bastante acalambrado. El responsable del ‘milagro económico’, don Rodrigo, acapara horas y horas que nos cuentan sus grandes logros a costa del resto de los mortales y beneficiándose de una situación privilegiada. En fin, ‘corrupción, divino tesoro’. Pero además, justo ahora, llega la Comisión Europea y rompe el mástil de la gestión económica que tanto había enarbolado el gobierno de Rajoy y dice que España no cumplirá con el objetivo de déficit. ¡Qué injusto es el mundo, Mariano!

Así que preparémonos amigos, preparémonos para visualizar bailes, besos sinceros a viejas y niños, cantos morados de coleta, llamadas a la sensatez, al federalismo, a la UNIDAD de España. Porque la campaña empieza, o continúa. Show must go on!!

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