11-N en Varsovia

El 11 de Noviembre es la fecha que conmemora la reunificación de Polonia tras casi más de 123 años de desaparición del mapa político. Todos los años, durante esta fecha conocida como “El día de la independencia de Polonia”, los movimientos y partidos políticos de extrema derecha de todo el país, organizan concentraciones multitudinarias de índole ultra nacionalista y anti-europeísta. Estas concentraciones con un marcado carácter filo-fascista reúnen a toda la extrema derecha del país en la capital, Varsovia. Además del carácter nacional de estas concentraciones, estos grupos cuentan con el apoyo de la extrema derecha de otros países como Francia, Inglaterra, Noruega, etc.

Durante los últimos cuatro años estas manifestaciones han tenido un carácter muy violento y han finalizado en graves disturbios. Este año no ha sido una excepción.DSC_0778

Cojo el metro en dirección al centro de la ciudad, en concreto a la plaza principal de Varsovia, donde he quedado con un buen amigo polaco, Grziesiek. La primera imagen que observo al salir de la boca del metro, es un mar de banderas roji-blancas acompañadas de música a través de unos grandes altavoces. En lo alto de unas escaleras varios hombres encienden bengalas y a escasos metros enfrente de mí, un grupo de cien hombres con ropa militar y con banderas con simbología fascista, marchan hacía la concentración.

Es una sensación muy extraña estar rodeado por decenas de personas encapuchadas o con pasamontañas y con indumentaria militar (botas, pantalones y cazadoras militares, brazaletes en los brazos) y que muestran simbología fascista sin ningún pudor, cruces célticas, ante la indiferencia absoluta del resto de la gente.

Una vez reunido con mi amigo, nos sumergimos entre la multitud donde empieza un discurso político por parte de los organizadores. El discurso, está en varios idiomas, como muestra de la unidad de las facciones de todas las fuerzas extremistas de la derecha europea.

El discurso se inicia en polaco, por lo cual mi amigo me va traduciendo. Exponen cómo la  entrada en la Unión Europea ha conllevado el robo de soberanía del pueblo polaco, y compara el rumbo de esta integración europea al periodo soviético estalinista. También se habla de los “ultras” de fútbol,  se afirma que “Los ultras del futbol no son delincuentes, los políticos que nos gobiernan son los verdaderos delincuentes”.

Por último, hacen referencia a un monumento que se encuentra en otro punto de la ciudad, que simula un arcoíris como símbolo de tolerancia y vínculos entre pueblos. Este arcoíris ha sido incendiado tres años consecutivos  cada 11 de Noviembre desde su inauguración, y el ponente afirma que sería una bonita imagen verlo en llamas de nuevo hoy, a lo que la multitud responde con aplausos y vítores.

El discurso prosigue en francés y, ya que no conozco el idioma solo entiendo algunos fragmentos, el ponente compara la situación actual con la Revolución francesa y  expone que la inmigración ha sido el principal causante de los problemas que azotan a Francia y al resto de Europa.DSC_0752

Para mi sorpresa, el discurso continúa en inglés. El ponente explica: que la soberanía de los pueblos de Europa está secuestrada por los poderes económicos y la Unión Europea y, que los países del continente deben organizarse y  luchar por una Europa libre, sin interferencia de poderes extranjeros u organismos supranacionales. Continúan hablando sobre el crecimiento de estos movimientos “defensores de la verdadera Europa “en muchos países entre los cuales cita: Polonia, Hungría, Francia, Noruega, Finlandia o Inglaterra.

El discurso finaliza en polaco, momento en el cual se inaugura la marcha por una “Polonia soberana y libre”, entre aplausos y vítores.

La marcha, es un ambiente constante de tensión. Empieza a las cuatro de la tarde, hora a la que ya empieza a anochecer en Varsovia. Las bengalas y la pirotecnia no tardan en aparecer, los cánticos son constantes.

-“¡Sangre, Honor y Patria!”, “¡Puta Rusia!” y “¡Comunismo nunca más!”.

La  manifestación recorre la principal avenida de Varsovia rumbo al otro lado del rio Vístula, en dirección al estadio nacional. Tanto las bengalas y los fuegos artificiales como los canticos no cesan de sonar a lo largo de toda la manifestación. Constantemente hay grupos de antidisturbios situados a gran distancia de los manifestantes.

El papel de los “ultras” de fútbol es crucial en esta manifestación, ya que el fútbol es uno de los ejes centrales en la sociedad polaca y el hooliganismo está muy extendido. El día de hoy, el 11 de Noviembre todos los ultras firman un pacto de no agresión y vienen a la capital mostrando sus distintivos, escudos y bufandas, para confluir en estas manifestación de carácter xenófobo y racista.

Los disturbios no tardan en aparecer; tras apenas dos horas de empezar la marcha, un grupo de cincuenta antidisturbios corre hacía los accesos al puente por donde pasa la manifestación, a lo que los manifestantes responden lanzándoles bengalas y petardos desde arriba.

Una vez alcanzado el límite de la orilla más cercana al centro de la ciudad, nos detenemos  después de tres horas de recorrido y nos alejamos ya de la manifestación.

Inmediatamente después de abandonar la manifestación, empiezan los enfrentamientos con la policía al otro lado del río. Los resultados eran de esperar, 215 detenidos según fuentes policiales. Los manifestantes han lanzado piedras, bengalas y material pirotécnico a las fuerzas de seguridad, a lo que la policía ha respondido con cañones de agua y  pelotas de goma.

La pregunta que me hago es: ¿Por qué las familias con niños, o la gente de  a pie, prefiere optar por participar en estas marchas donde se encuentran los sectores más radicales de toda la sociedad?

Esta no es la única marcha. Hay otras marchas oficiales a lo largo de la mañana, donde participan todos los partidos políticos o el “establishment” y en las cuales transcurren sin incidentes. Acaso toda esta gente de a pie, no es consciente de lo que conlleva apoyar esta marcha, o es que quizá esté a favor del mensaje xenófobo y nacionalista excluyente de esta convocatoria.

Mucha de esta gente no se consideraría jamás de extrema derecha, entonces; ¿Hasta qué punto participar en estas convocatorias les hace cómplices de estos movimientos tan radicales y racistas?

Y esta cuestión, me lleva a la siguiente. ¿Estas expresiones tienen cabida dentro de la Unión?

El nacionalismo puede resultar un sentimiento muy atractivo, especialmente para aquellos pueblos que han sufrido una absoluta falta de soberanía como es el caso de Polonia. Este auge del nacionalismo radical está calando especialmente entre los más jóvenes.

¿Qué tipo de futuro le augura al “proyecto común” o a una Unión Europea sin fronteras? Cuando grandes segmentos de sus generaciones más jóvenes se ven atraídas a estos movimientos euro-fobos.

¿Qué clase de Europa queremos construir cuando hay un número de países, cada vez mayor, que cuenta con expresiones de exclusión a todo aquello que no sea autóctono de su nación?

Si de algo presume Europa es de su capacidad de tolerar todo tipo de libertad de expresión, pero, ¿Podemos tolerar a movimientos que pretenden acabar con estas? Tal vez la respuesta a muchas de las preguntas mencionadas anteriormente se base en una educación  basada en valores como, el respeto y la tolerancia o la comprensión del resto de naciones.

¿Hasta qué punto la pasividad frente a estos movimientos, sea colaborar con ellos?

Porque una cosa es escuchar a los políticos hablar en la Euro Cámara sobre el auge de la extrema derecha, y otra muy distinta es ver con tus propios ojos a la derecha más extremista y xenófoba de  toda Europa. Esto, creedme, no deja indiferente a nadie.

Por José Palau Vercher. Estudiante de Ciencias Políticas en Valencia. Actualmente estudiando en la Universidad de Varsovia, Polonia. Interesado en la comunicación política, la cooperación internacional y las fracturas sociales (cleavages).

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