11-M: prohibido olvidar

Hace 3 días del 10º aniversario del más vil atentado de nuestra historia. Es una de esas fechas en las que todo el mundo recuerda qué estaba haciendo ese día, dónde y con quién. Un terrible acontecimiento que sin duda marcó las elecciones que tres días más tarde se producirían.
Tras el profundo shock y la gran respuesta humana que nos caracteriza a los españoles a la hora de acudir a socorrer a las víctimas, era hora de escuchar al entonces gobierno en funciones para que nos contase quiénes habían sido.
Lo que viene ya nos lo sabemos…, una sucesión de manipulaciones perpetradas en clave electoral. Lo que Aznar y sus secuaces hicieron fue desequilibrar esa balanza compuesta por la sinceridad y la honestidad con su pueblo y por la indignidad más abyecta en favor de esta última. Con el único pretexto de engañar para seguir detentando el poder. ¡Qué acto más miserable! No sería el único, solo el principio.
Tres días más tarde, la población acudió en masa a las urnas para expresar un deseo de cambio que cuatro días antes no era tan profuso. Esto se debió a varios factores interrelacionados:
– La gente asimiló que el apoyo a la Guerra de Irak, pese a que España era ya un objetivo yihadista con anterioridad al conflicto iraquí, fue causa directa del atentado en los trenes de Madrid.
– Este argumento se veía reforzado con la actitud del gobierno de encubrir y ocultar la verdad atribuyendo el atentado a ETA cuando había evidencias notables de que no era así.
Tras la victoria del PSOE acudimos a uno de las épocas políticas y mediáticas más bochornosas desde que tengo uso de razón, la llamada “ Teoría de la conspiración”. A saber: acusaciones al PSOE de pacto con ETA para desbancar al PP, presuntas pruebas fabricadas, corrupción policial y un largo sinfín de vomitivas mentiras.
Todas estas locoides elucubraciones quedaron desacreditadas por completo con la sentencia dictada por el tribunal presidido por el magistrado Javier Gómez Bermúdez.
Pese a todo y, diez años más tarde, todavía tenemos que aguantar cosas como esta de Pedro J. en Twitter.

pedro J

Amparándose en la libertad de expresión estas psicópatas plumas y micrófonos siguen engendrando el odio con absurdas mentiras. Políticos como Dolores de Cospedal declaran que “se conozca toda la verdad” insinuando que la sentencia tiene lagunas. Jiménez Losantos sigue “escupiendo” basura por su boca, y así un inagotable número de pseudoperiodistas hasta finalizar en el “Mataron inocentes por oscuros objetivos de poder” de Rouco Varela. ¡Serán fariseos!
De todo esto, aquello que más me envenena la sangre, a parte de las casi 200 muertes de compatriotas y hermanos, es el aparente ‘Síndrome de Estocolmo’ que tenemos los españoles. Hagamos memoria.
Hemos permitido que los colaboradores necesarios de una dictadura pasasen en dos tardes de censurar y firmar sentencias de muerte a ser “padres de la nueva democracia” y “hombres de Estado”. Hemos pasado por alto que no haya responsables políticos en casos como el del ‘YAK-42’ o el caso ‘Prestige’. Hemos permitido y, haciendo referencia a lo que nos ocupa en este artículo, que ministros como Trillo, Acebes, etc, nos mientan en casos tan graves como los que acabo de nombrar. Que periodistas como Losantos, Pedro J. Ramírez, Carlos Herrera y otro largo etcétera, sigan gozando de un espacio relevante en los medios es totalmente inaceptable. Casos en los que han muerto o han sido asesinados hijos de nuestra tierra, y ¿cuál ha sido la consecuencia para estos políticos o periodistas?
Ninguna consecuencia. A lo sumo una “dura penitencia” como embajador en Londres o llenándose la cartera en varios consejos de administración de transnacionales.
Como reflexión final, considero que si pretendemos ser un pueblo con dignidad no podemos seguir permitiendo que no les ocurra nada a aquellos que nos han pisoteado desde su posición de poder. En definitiva, no permitamos la impunidad de los que traicionan a su pueblo.

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